EL CAMINO HACIA LA CONQUISTA DE LAS OCHO HORAS DE TRABAJO EN PERÚ Y BOLIVIA

Fecha: 2021-02-18

Ivanna Margarucci

Universidad de Buenos Aires; Centro de Documentación e Investigación de

la Cultura de Izquierdas. Universidad Nacional de San Martín. Consejo

Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina

ivannamargarucci@gmail.com

 

En 1905, los trabajadores de Perú y Bolivia conmemoraron por primera vez el 1° de mayo. Estaban dando el paso inicial que los llevaría, años después, a conquistar las ocho horas de trabajo. A partir de un amplio corpus documental, que incluye publicaciones periódicas y documentación sindical y  legislativa,  en  el  presente  artículo  nos proponemos reconstruir este camino, en el que el anarco-sindicalismo peruano y boliviano   tuvo   una   destacada   presencia   y   actuación.

In 1905, workers in Peru and Bolivia commemorated the May 1st for the first time. They were taking the initial step that would lead them, years later, to conquer the eight-hour working day. Based on an extensive documentary corpus, which includes periodicals, union, and legislative documentation, in the present  article, we propose  to  reconstruct  this  path, in which  Peruvian  and  Bolivian

anarcho-syndicalism had an outstanding presence and performance.

 

Em 1905, operários do Peru e da Bolívia comemoraram pela primeira vez o 1º de maio. Eles estavam dando o passo inicial que os levaria, anos depois, a conquistar a jornada de oito horas. Com base em um extenso corpus documental, que inclui periódicos, documentação sindical e legislativa, neste artigo, nos propomos a reconstruir este caminho, no qual o anarco-sindicalismo peruano e boliviano teve uma presença   marcante   e   atuante

“En Perú, un obrero de Vitarte –uno de los mayores centros de producción textil, ubicado en las inmediaciones de Lima– trabajaba a fines del siglo XIX 16 horas diarias y a comienzos del siguiente, entre 14 y 15. En Bolivia, durante la década de 1920, una obrera menor de edad pasaba normalmente 10 horas en la fábrica textil Said y Yarur de La Paz, aunque en momentos de grandes pedidos podía llegar a trabajar hasta 13 horas y media por día.11 Las jornadas laborales de los “proletarios de oficio” y artesanos –siempre dependiendo del régimen de contratación– eran más acotadas pero no por eso mejores: 12 horas para los panaderos peruanos en 1905, 11 horas para los constructores bolivianos en 1929”.

“La historia de la conquista de las ocho horas de trabajo siguió en Perú y Bolivia caminos separados. El proceso asociado a esta lucha, dependió en buena medida del desarrollo ideológico y organizativo del movimiento obrero. pareciera ser, que la presencia anarquista en Perú, más temprana que en Bolivia, aceleró allí el tiempo de las ocho horas”.

“En 1919, el Ministro de Hacienda, luego presidente de Bolivia, José Luis Tejada Sorzano, describió la situación de la siguiente manera:

La situación del obrero boliviano, y en especial la del obrero de las minas constituye uno de los más graves problemas sociales que debe el país afrontar [...] Acabo de hacer una recorrida por algunos importantes centros mineros del interior y he quedado verdaderamente impresionado al hallar en pleno siglo veinte que en las minas del distrito de Colquechaca, por ejemplo, existe […] la mita de veinticuatro horas, es decir la obligación del jornalero de permanecer trabajando dentro de las galerías un día completo, descansando otro”.



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